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Salí de aquella casa
y esparcí un manto de clavos en la entrada.
Y aun así me seguiste.
Intenté sentir desprecio
por lo que me había obligado a dejar atrás;
pero sólo encontré ternura
y una mirada transparente.
Algo parecido al amor.
Al amor que, en realidad,
no recuerdo haber sentido en esta vida.

Es por eso que me empeño en seguir buscando;
aunque, como dices, sólo persiga fantasmas y fantasías animadas.
Y tal vez tengas razón,
pero no puedo detenerlo.

Este camino no tiene final.
¿Acaso lo tiene algún camino?
Lo único que termina es el caminar.
Y yo acabo de poner los pies en la tierra,
y aun con las piernas entumecidas, quiero seguir adelante.
Pero no puedo hacerlo si tú aún estás sangrando,
si no te apartas del manto de clavos.

Y es en este camino sin final
donde te digo que podemos encontrarnos.
Con otros ojos, con otro equipaje.
Con otro pacto.

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