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Cerré cinco veces la puerta
y cada vez, al darme la vuelta,
la misma corriente de aire en la nuca.
Y allí estabas,
de rodillas, delante de la puerta abierta.

No sé por qué dejé que me entregaras la eternidad.
A una altura más terrenal esto podría haber funcionado.
O al menos no nos habríamos hecho daño.

Mañana es una puta ilusión.
¿No lo ves?
Y para siempre es una cárcel
en la que quieres entrar voluntariamente y maniatada.

Pero ahora mismo, y hasta nuevo aviso,
la única manera de tenerme es no tenerme.
Soltar las riendas.
Yo iré al este, tú al oeste,
y nos encontraremos justo aquí,
justo en este momento.

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