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Este no es el punto de partida.
Tampoco es el final.
Quizá una encrucijada, sí.
Quizá una estación de tránsito.

No he estado aquí antes.
No respiré este aire,
ni pronuncié las mismas palabras de despedida.
No me senté a esperarte.
No creí que vinieras,
ni que yo fuera capaz de emprender un viaje
por la topografía de tu cuerpo,
o darte el aliento que necesitabas.

No puedo reclamar un hueco temporal en tu pecho
ni quedarme dentro de esta habitación.
Lo definitivo es una celda.
Huele a cerrado,
a muerte, a olvido.

Y no me olvido del tacto de tu pelo
ni de tus susurros en la cálida oscuridad.
Y no voy a recordarte,
porque sigues caminando a mi lado.
Pero el fuego…
El fuego también camina conmigo.

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