Con encanto

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Levantaste la persiana y pude ver el mundo como tú lo ves. Distinto, pero igual. Porque en el fondo dormir aquí o en cualquier otra cama ya no es ni siquiera una variable. Y creo que no debería haber venido, pero anoche no tomé una sola decisión pensando en ti (o en ella). Tampoco pensando en mí.

He vuelto a casa esquivando a muertos vivientes y a vivos que desearían estar muertos. Ha empezado a llover, pero ya era tarde para resguardarse. Sólo podía seguir avanzando, y dejar atrás esta noche de voluntades torcidas y caprichos infantiles.

No sé por qué el truco sigue funcionando. Es sólo el encanto de los malditos y una mirada que promete lo que no puede pagar. Lo que no querría pagar, aunque pudiera. Y ahora, con el día golpeándome en la cara, corro las cortinas y dejo entrar a los fantasmas. Estos son sus dominios; las sombras, el frío; el hambre, la sed. Las consecuencias.