La noria

Etiquetas

,


Convierto la noche en un faro cegador;
un agujero negro devorador de galaxias;
una noria que sigue y sigue
y que no se detiene,
que pasa una y otra vez
por el punto de partida.

Movimiento perpetuo o eterno retorno,
llámalo como quieras,
pero esta es mi vida y quizás no te haya invitado.
Pero aquí estás,
pidiéndome que te baje la luna,
aunque ya sepas que esta noria no llega tan alto.

Y esa es tu vida:
pedir para no recibir nada,
para poder contarle a la almohada
que nada sale como tú quieres,
y patalear de rabia,
aunque sepas de sobra que nadie te oye,
que nadie te escucha.

Quieres atención y no la quieres.
Quieres alegría, pero el dolor es más placentero.
No has entendido cómo funciona este juego.
Qué es lo que hace girar esta noria
desde la que te observo,
más lejos,
más cerca.
Y al final te alejas y yo desaparezco.
Como tantos.
Como todos.

Y subiré muy alto,
o quizá descienda hasta lo más profundo,
pero recordaré este momento.
Porque es perfecto
en su sincronía,
en su precisión.
Cualquier podría haber predicho tus pasos
desde el Big Bang
hasta esas pisadas sobre las cenizas.
Un automatismo apabullante.
Las matemáticas de la desolación.
Y yo sigo girando,
y ya no te veo.
¿Cómo ver lo que no existe?
¿Cómo reconocer lo que ya no conoces?

Es mejor así.
Porque el viaje va a terminar tarde o temprano
y no quiero que estés abajo para recibirme.