La cerradura

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Imagina que nada de esto es real.
Porque no es real.
Imagina que es mentira.
Porque no hay nadie más mentiroso que tú.
Todavía no has llegado al borde del precipicio,
pero ya te ves caer.

Cambia el guión.
Escríbelo con fuego en tus venas.
Olvida lo que hayas aprendido
o lo que te hayan enseñado.
Ellos tampoco eran reales
y tampoco decían nunca la verdad.

Imagina que decides quedarte a su lado.
Porque ya estás aquí.
Imagina que sientes lo que dices.
Porque, en el fondo, siempre fue así.

Olvida el desenlace
o la sola idea de tener que llegar a alguna parte.
Entre el punto A y el punto B no hay nada
y nada hay que temer.

El final será sólo eso; el final.
El lugar donde todo lo que te importó se desvanece.
Y no estarás ahí para verlo desaparecer.

Sabes que estás a punto de forzar la cerradura;
pero no es la falta de pericia lo que te detiene,
es el miedo a abrir la puerta.
Pero vas a abrirla.
Si de algo estás convencido
es de que vas a abrirla,
y a avanzar,
y avanzar.

No soy lo que esperan de mí.
Nuna fui esa persona.
Deja que se acostumbren,
que se decepcionen,
que no quieran volver.
Que se desvanezcan mucho antes del final.
Y respira hondo.
¿Lo sientes?
No es oxígeno, es libertad.