Todos los planes que hicimos
son esas cenizas
que ahora nos impiden respirar.
Y esto también es morir.
Como mínimo, es la muerte de lo que fuimos
y, sobre todo,
de lo que tal vez hubiéramos sido.
Todos los sitios en los que estuvimos
son ya mausoleos
erigidos en honor de un fracaso estrepitoso.
Y todos los lugares que nos quedaron por recorrer
quizás nos vean llegar juntos
en un universo paralelo, más feliz que este.
Amor, hay días en que la alegría no es posible;
solo la supervivencia.
El brutal instinto de avanzar en la oscuridad
para huir de algo mucho más terrible:
el recuerdo, la tristeza,
el corazón roto ante la majestuosidad de un edificio
que, sin embargo,
habrá que demoler.
No ha sido una ilusión.
Ni un error.
Es nuestro sino, tal vez.
O tal vez nunca fuimos invencibles.