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Un corazón envuelto para regalo.
Un trozo de jabón perfumado.
Una concha que llegó hasta aquí
buscando un futuro mejor,
pero sin destinatario.
Los souvenirs para un invierno
que por ahora es puro presagio.

La guitarra negra fuera de su funda
reteniendo más polvo que canciones.
Y las canciones recurrentes que no se dejan tocar.
Paso las páginas de un diario
lleno de garabatos y “quizás”.
No hay tareas pendientes.
Excepto llegar de una puta vez hasta el final.

Ocho meses de anarquía.
Ocho meses de planear esta huida.
Y ocho más llenando el saco roto de las despedidas.
Tenlo presente cuando me veas llegar
tarareando lo mismo de siempre,
sangrando por la misma herida
que te enseñé en noviembre.
Y prepárate para la ceremonia,
porque nunca volverás a estar tan hermosa.

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