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Calor en octubre.
Tal vez el sol quiere decirme algo.
O prevenirme:
“Quédate.
Quédate justo aquí.
Ni te muevas”.

Pero llegará el frío.
Ni el sol lo puede detener.
Ni el mar.
Ni el desierto.
Y estas flores que alguien me regaló
también se pudrirán,
si no se secan antes.

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