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Te pedí a los Reyes Magos.
Te pedí.
Sí, alguna vez lo hice.
Aunque haya pasado una era glacial
entre aquel que fui y lo que soy.
Aunque ahora, como me pasa con cualquier regalo
te haya exiliado a una caja de cartón
o a un rincón del armario.
Pero no olvides que un día deseé,
por encima de todas las cosas,
que llegaras tú.

Recé a mis muertos -y a mis vivos-.
Recé para mantenerte a mi lado.
Juro que alguna vez lo hice.
Y decidiste quedarte.
Aunque vieras acercarse una tormenta perfecta,
un día te quedaste.
Y otro. Y cien más.
Y yo volví a rezar.
Recé para que desaparecieras.
Te tomé entre mis manos
y entre mis manos te dejé morir.

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