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Todos conocemos historias de fantasmas.
Y a veces nos perdemos en el campo de batalla,
y quisiéramos no regresar.
Y palabras como honor o victoria
tienen el sabor metálico de la sangre.
De la sangre macerada en nuestras gargantas.

Y vuelta a empezar.
A las tardes de niebla en el sofá blanco,
a sueños tan reales
que amenazan con un nuevo amanecer.
A las cartas desde el frente
que nadie quiere enviar
y mucho menos leer.

Trato de aferrarme a la puerta de salida,
aunque no recuerde cómo hemos llegado hasta aquí.
Y aquí estamos todos.
Los fantasmas, los enemigos.
El fuego de mortero en tus reproches.
¿Sabes? Da mala suerte subir a un barco sin nombre;
pero si quieres cruzar este océano,
dime cuándo y dónde.

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