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Cómo explicar
lo que ni siquiera sobre este papel
llega a tener sentido.
Cómo contarte lo que aún no he discutido
conmigo mismo.
Si no me atrevo a tocar el espejo
por temor a lo que haya más allá de este laberinto
sembrado de esqueletos.

Toco melodías de huesos
sentado al piano de dientes afilados y amarillentos.
El réquiem para lo que fui.
La sinfonía acelerada de la incógnita
en que me estoy convirtiendo.

Tú finges escuchar.
Finges comprender el porqué de cada nota.
Pero los dos sabemos
que no te gusta esta música.
Que no la necesitas.
Que nunca creíste que esto -y sólo esto-
pudiera servir de alimento.

Bienvenida a la casa de muñecas.
Aquí todo es más pequeño.
Incluso el tiempo.
Incluso el frío.
Todo.
Todo es más llevadero.

¿Tan difícil es no pedir nada más?
Celebrar el instante.
Aquí.
Ahora.
¿Tan difícil es?
Te lo dije, y lo repetí;
estoy asustado, y mataría por dejar de estarlo.
Mataría este amor
antes que entregarlo a las fauces del desengaño.

Tic, tac, tic, tac…
Hay una bomba enterrada bajo nuestro pies.
Tic, tac, tic, tac…
Si la encontramos estallará.
Tic, tac, tic, tac…
No nos queda mucho tiempo.
Tic.
Tac.
Tic…

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