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La mejor imagen de mí mismo,
la que perfecciono ante el espejo,
no será suficiente.
Mi discurso más elaborado y deslumbrante
no es más que papel pintado
que cubre los desperfectos de la pared.
Pero una grieta siempre encuentra la manera
de quedar al descubierto,
y las manchas de humedad
tienen la silueta de un niño muy asustado.

No puedo tapar lo que no alcanzo a ver.
Me tropiezo con los nudos deshilachados
en la elaborada red de la memoria.
Miro al sol hasta cegarme por completo
y leo entre las líneas del pasado y del presente,
y un poco más allá.
Donde habitan los monstruos
y los patrones se repiten.

Reincidir en el error no es casualidad.
Es un deporte, un juego de salón.
Me cansan las victorias fáciles
y me empequeñezco ante la adversidad.

El rey ciego en un reino de ruido.
La cola del león narcotizado.
Hoy desperté convencido de que tenía que marcharme.
Dí el beso más frío que soy capaz de dar
y entendí que ya era demasiado tarde.

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