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No sé si caemos o nos elevamos.
Si son fuego y cenizas eso que veo a tu espalda.
Si todo ha terminado
o no ha hecho más que empezar.

Voy a cerrar los ojos.
Solo quiero sentir el pulso en tu cuello
mientras te sumerges en esa oscuridad resplandeciente.
Porque no hay peor tortura que oír tus gritos
y no saber dónde estás,
ni tristeza mayor que contemplar el final
sin una sola respuesta.

Sabes lo que hay que hacer.
Es el momento.
Cuenta hasta diez y di mi nombre.
Me abriré paso más allá de los bosques en llamas
donde tú flotas, ingrávida,
y el abismo no supone una amenaza.
Di mi nombre.
Es una íntima orden de batalla.