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Hablar de mí no era buena idea.
Me lo tengo prohibido.
Pero necesito ganar tiempo,
porque no encuentro mi traje de gala.
Se ha perdido en el baúl sin fondo
de las noches desperdiciadas.

Y puedo sentir tu impaciencia;
que la mecha se acorta.
Que la pólvora se agotará antes
del siguiente latido.

Pum-pum, pum-pum…
Hemos sincronizado los corazones,
pero los relojes,
tic-tac, tic-tac,
siguen en el libre albedrío.

Sé que esto no es ningún juego,
aunque últimamente parezca mi pasatiempo favorito.
Sé que te he hecho daño,
aunque eso también me lo tenga prohibido.

Era demasiado pronto
y ahora es muy tarde,
y yo no puedo más que asentir
y prometerte una probabilidad.
Una entre el infinito.
La que separa tu aburrimiento de tu soledad.

Nunca soy más indescifrable
que cuando me creo transparente.
Como el mar…
Como el mar que tanto echo de menos.

‘La historia que no empezó’,
ahí tienes un título para nuestra novela.
A falta de amor,
con cariño,
para la doble A.

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