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Vas a estar aquí al despertar
y no será bonito.
No voy a decirte que te vayas
pero ahora, como cada mañana,
necesito silencio y soledad,
y que todo lo que anoche tenía sentido
-y que se ha deshecho como un puzzle en el mar-
vuelva poco a poco a su sitio.

Pero todavía falta para la ronda de tabernas y estrellas,
y tú aún estás aquí.
A mi lado, acurrucada en mi pecho.
Buscando un calor que no sé de dónde emana.
Porque piel adentro, créeme,
créeme que hace frío,
y estoy temblando.

Repaso mentalmente cada una de las salidas.
No sé si me aseguré de dejar las puertas abiertas,
ni dónde están las llaves.

Las flores siguen encendidas.
Las mariposas del techo no se han movido.
Quizá estén muertas.
O quizá alguien oyó mis súplicas
y el mundo se ha detenido.
O tal vez, como temía,
se me ha parado el corazón.

Me levantaré y pondré la cafetera.
Aquí no ha pasado nada.
Aquí no está pasando nada.
Y tú no te paraste a leer mis credenciales
o yo no quise enseñártelas.
Ahora puede que sea tarde.
Hay otro cepillo de dientes en el baño
y todo el suelo está lleno de equipaje.

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