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Sal corriendo mientras aún puedas respirar.
Es cuestión de minutos
que el fuego y la ceniza en suspensión
te condenen a seguir a mi lado.
Y después no va a haber vuelta atrás.
En cuanto el humo entre en tus pulmones
y el pulso se detenga,
no podrás dar ni un paso.

Entonces sólo quedará un “te lo advertí”,
y miles de millones de partículas venenosas
corriendo por tu sangre,
y el amor será sólo el pegamento que las mantenga unidas
en una pasta negra y viscosa.
Y fría, como las noches de insomnio que tendrás por delante.
Como las que dejaste atrás,
aunque ya no te acuerdes.

No hay ventana más alta que la caída que nos espera.
Así que salta sin miedo.
Todavía estás a tiempo.

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