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Viajamos mil kilómetros hacia el norte
hasta la habitación más fría
de la casa más oscura.
Allí, donde habita la tristeza
y la moneda de cambio es la despedida.

No quedan más palabras.
Todas están atrapadas en la garganta.
Porque ninguna podría contarte
que nuestros corazones estaban rotos,
arrasados por la rabia y el miedo.

Pero ahora algo ha cambiado.
Algo se vuelve a abrir paso dentro de ti
para traerte sano y salvo hasta nosotros.
Porque no hemos dejado de esperarte.
Porque te esperamos. Siempre.
Hasta que no nos queden vidas ni canciones,
ni un sol de septiembre
bajo el que compartir un buen pescado.

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