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Ahora, a las puertas de otra de esas noches
que parecen no terminar,
y que al final querría que no terminaran,
ahora tengo que explicar(me)
por qué entre tener algo y no tener nada
vuelvo a elegir la nada.

Ni siquiera mis manos, que son pequeñas,
pueden retener una arena tan fina,
ni mantener en pie los muros de una casa, esta,
levantada con tu amor y mi fragilidad.

Sé que me crees cuando te digo
que no puedo evitarlo.
Y sé que durante un tiempo me odiarás
por no haberlo evitado.
Pero ya he estado aquí antes.
En ese mismo escalón.
En ese mismo abrazo.
Jurando y perjurando que no era mi intención,
y haría cualquier cosa por arreglarlo,
para después correr hacia otra de esas noches
que prometen un amanecer distinto
y a las 7 de la mañana me golpean en la sien
con un poco más de lo mismo.

Y puedo cometer un nuevo error,
o un error nuevo.
Sea cual sea la decisión.
Y habrá luto, y miedo, y arrepentimiento.
Y la tentación de proponerte un trato
me recorrerá la espina dorsal.
Será un alivio momentáneo.
Como tú, yo también tengo demasiados frentes abiertos
y el precio que pago por no pelearlos
sale cada vez más caro.
Aunque a duras penas soporte
cómo te consume el desengaño.

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