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Son tres noches ya
de vuelta en esta casa que nunca ha sido mía.
Y cuatro días
desde aquella conversación.
Tú llorabas al otro lado del teléfono.
Te preguntabas por qué nadie se queda contigo
pero no por qué yo no me quedo con nadie.
Por qué esta historia se repite.
Por qué soy incapaz de detenerlo.

No crees que estés mejor
lejos del círculo vicioso,
pero es sólo cuestión de tiempo.
Y cuando todo haya pasado,
y seamos un buen recuerdo,
es posible que yo siga aquí,
donde terminan todos los inviernos.
Buscando algo
que sólo puede estar dentro de mí,
pero que no sabría reconocer
ni aunque estuviera escrito en el mismo cielo.

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