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En esta casa siempre hace frío.
Y no sé si soy yo
o que hace tiempo que el sol
no aparece por el dormitorio.

A veces me canso de toda esta oscuridad,
de no ver nada más que mis pensamientos.
Pero a ti te molesta la luz de la mañana;
hasta el más pequeño resplandor.
Y te desvelas,
y quieres que te diga algo,
que te entretenga.

Pero ya estaba hablando contigo.
Estábamos justo aquí,
en estas mismas camas separadas,
con los ojos tan abiertas a la oscuridad
que se han terminado secando.
Ahora están blancos.
Cuatro lunas muertas que flotan
en el aire viciado por los jadeos de hace un rato.

Y la verdad es que aquí no se está tan mal,
pero veo otras lunas brillar,
y otras estrellas.
Y quizá haya más, en dimensiones paralelas,
y quizá en ellas
la oscuridad sea luz
y tú no seas la oscuridad.

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