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De pequeño quería ser pájaro,
y ser libre para ir y venir.
Creía que un pájaro nunca sentía miedo.
Pero sienten miedo.
Así que pensé que quería ser un águila,
que es tan grande que nadie la puede tocar.
Pero están solas,
y también sienten miedo.

No quería ser cazador,
aunque entendí que un buen cazador
lo es porque conoce el miedo
y lo domina.

Entonces esperé.
Esperé demasiado tiempo,
y esperé demasiado de los demás,
y demasiado de mí.
Sobre todo, esperé del futuro
lo que sólo podía tener en el presente.
Y me alejé del mundo
sin ir a ninguna parte.
Y seguí esperando.

Hasta que comprendí que la vida
no es una película tras otra.
Que no se puede esperar a que una termine
para aparecer en la película que te gusta.
Que, así, estaría perdiendo un tiempo precioso
en la única película que me tocaba protagonizar.

Me levanté de la butaca
y salté a la pantalla.

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