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El eco persistente
de todo lo que quisimos decirnos.
La página garabateada
por no saber qué cojones escribir.
Un arrebato de amor intenso y momentáneo.
Es la tristeza de no pertenecer(nos).
El alivio a la salida del laberinto.
Y la nostalgia del dolor que nos mantenía unidos.

Todo pasó.
Niebla y polvo.
Todo pasó.

Ahora que el sol de noviembre
acaricia mis mejillas;
ahora que el azul pálido del cielo
no anuncia el golpe de gracia del invierno;
ahora comprendo por qué a veces cuesta respirar,
más que al común de los mortales.
Y que amar sin ninguna medida ni precaución
es una tentadora invitación a la locura
y a perderse para siempre en un instante.

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