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Nada puede llenar este vacío;
este agujero negro insaciable
y permanente.
Podría mirar hacia otro lado
por no rendirme a la evidencia
de una vida que avanza en la dirección equivocada.

El tiempo no se detiene.
El reloj no regala ni un solo segundo.
Ni aunque se haya parado
y las agujas parezcan sonreír.
Desconfío de las sonrisas heladas
y de sus besos.

Nada necesito.
Nada es suficiente.
Paseando al borde del invierno,
oteo el horizonte.
Norte, sur, este, oeste…
Nubes grises embarazadas de lluvia.
Más jóvenes que yo,
que ya he dormido con todas las nubes
y desperté siempre en la tristeza y la humedad.

Nunca imaginé que llegaría hasta aquí.
Pero estoy aquí.
Cada cartel en el camino me informa
de que siga adelante.
Sigue adelante. Sigue adelante.
Todo está por llegar.

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