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Una anciana espera, malhumorada,
a que la rescaten de la muerte.
Y la muerte es lo único que tiene;
lo único que queda.
Un decimal a punto de llegar a cero
en la contabilidad implacable del sistema.

Se encomienda a Dios,
pero Dios también es un decimal.
O algo peor.
Una nube de bacterias que hace tiempo
-demasiado tiempo-
voló hacia los confines de otro universo.
Y no se acuerda de ella.
Un sueño entre millones de sueños.
La rueda de la creación
gira ya en el sentido inverso
de las agujas del reloj.
Y eso es todo.
Eso es todo.

“Es suficiente”, murmulla.
“Tuve algo de lo que quise,
pero ahora esto que llaman vida
es todo lo que no quería”.
En su penúltimo aliento alguien pulsa un botón,
y le susurra al oído:
“Tranquila, esto no es todo.
Es sólo el comienzo.
Tranquila.
Con suerte vivirás otro día”.

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