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Me dijiste, “estaré bien”.
Y yo miraba las marcas en tus brazos.
“¿Son tuyas esas cicatrices o son mías?”,
pregunté.
Y sonreíste.
“Amor, todas son de los dos.
Escoge cualquiera, te las regalo.
Hay una por cada vez que rompiste este contrato”.

Me dijiste, “me ha pasado otras veces”.
Y yo te juré que no te pasaría esta vez.
“Por estas, que son cruces de hierro”,
con la mano en el pecho.
Y sonreíste.
“Dame tu mano, E.”.
Me dibujaste una cruz con tu cuchillo.
“Ya está hecho, ya está consagrado.
Recuerda, este es tu pacto”.

Me gritaste, “nunca más,
nunca más”.
Y yo veía la historia repetirse, en carrusel.
“Siempre va a ser así. Siempre.
Desde diciembre hasta mayo”.
Y sonreíste.
“Un pacto es un pacto”.
Mezclaste sangre y Valium.
“Toma. Bebe.
Pero recuerda; nadie salva a nadie”.

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