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Y otra vez me despierto amarrado a este mundo,
y siento cómo viajo siempre trazando círculos.
Siempre vagando, sin interés alguno.

Hoy tengo otro día de esos “especiales”.
Ven y sácame de aquí.
Ven y cuéntame cómo diablos lo haces…

Cómo haces para levantarte
y que tus huesos te respondan al instante
Cuál es ese conjuro secreto
para pasar un par de momentos estupendos.

Pero otra vez todo es negro o más oscuro aún,
y la cabeza no levanta un palmo del suelo.
Permanentemente dudando entre lo que quiero yo
y lo que me impones tú.

Es una mañana de fieras salvajes.
Ven y dime que sí.
Consiénteme los caprichos más triviales.

No haré nada “de provecho”.
Porque sé que ese tipo de frutos no son mi alimento.
Porque no permitiré que esto acabe conmigo.
Dame una burbuja de aire y lo habré conseguido.

Descríbeme el aspecto de mi sonrisa.
El mejor recuerdo que guardes de mí.
¿Sabes? Ni siquiera entonces la vida era
como un estúpido anuncio de refrescos.

(¿Será?, octubre 1998)

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