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Ataste las cuerdas equivocadas.
Siendo yo una excusa más
de entre toda esa espiral
de traspiés encadenados
y besos agrios a destiempo.

Tardaste dos vidas en darte cuenta.
Mientras yo sólo trataba
de volver a las andadas
con la sangre revuelta
y el pulso desbocado por momentos.

Me qué aburrido y vacío.
Convirtiéndose mis sueños
en tumbas, o en vertederos,
o en lugares que frecuento.
Y el deseo anulado, fuera de juego.

(Una excusa, octubre 1997)

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