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Creía que la siguiente vez lo haría mejor.
Ese era el pacto.
Llegar más lejos, más rápido,
en la convicción de que no me podías tocar.
Que las lecciones aprendidas corren por las venas,
que bastaría un chasquido de dedos para que esto pasara.

Pero el pacto es un montón de cenizas,
y con las cenizas moldeé mi cuerpo,
que ahora tiembla ante la tempestad.

No hay recuerdos.
No hay lecciones aprendidas.
Y si chasqueo los dedos sólo conseguiré malograr
esta estatua que soy,
y volar, como una nube de polvo,
en todas las direcciones.

No hay cueva, pozo,
o refugio antinuclear
donde poder sentarme tranquilo y en silencio.
Y no hay rescate que pueda pagar
todo lo que debo.

Seguiré jugando.
Seguiré despierto.
Seguiré soñando con un verano que nunca acaba;
un verano de pieles nuevas y ningún propósito.
Un verano.

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