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He cumplido con creces tus expectativas;
he dado lo mejor que tengo
y te conté que lo peor siempre está por venir.
Pero ahora que ya toca bailar con la sinceridad,
me doy cuenta de que la verdad es un cuchillo afilado
que penetra en la carne hasta el frío de enero.
Y me resisto a empuñar ese cuchillo.
Y sé que cada día que pasa
la herida profunda se convierte en estocada.

En noches como esta
envidio al mentiroso.
Al desleal. Al cobarde.
Y dejo de creer en la importancia de ser honesto.

Importa más salir indemne.
Protegerte de mí
y protegerme yo de treinta noches de tristeza y culpa.
Pero tú me acompañaste al desastre,
narcotizada de autoengaño.
Sé que no debería sentirme culpable,
aunque, si me preguntas,
no sabré decirte por qué siento lo que siento,
o por qué no siento como los demás.

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