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He coronado cada cima que he visto alzarse ante mí
después de vagar por las profundidades de este mar
de buenas intenciones y compañías equivocadas.

Todas las decisiones son las correctas,
o las únicas posibles.
Ahora, helada la sonrisa,
querría expulsarte de mi vida
y que la decisión no dependiera de mí.

Navegamos a la deriva
sobre una balsa de madera quemada.
Desde tu rincón, estas aguas parecen tranquilas;
pero cada vez que despierto en mi metro cuadrado
de carbón y cenizas,
el mundo, incluida tú,
es una amenaza tan inminente
como todas aquellas cimas.

En cuanto pronuncie esas dos palabras
lo que hemos construido volará por los aires.
Y eso no será todo.
Repetiremos ad eternum la ceremonia;
el arte de la autodestrucción controlada.
Y morir sólo un poco cada vez
hasta que sólo quede
una mancha de carbón y ceniza.

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