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Podría pensar que fue ayer,
o que fue antes de ayer,
o quizá un día antes.
Pero la eternidad se quedaría pequeña
para abarcar esta montaña de horas muertas.

Sería capaz de borrarlo todo,
momento por momento, y cada golpe,
de mi cabeza confundida por la sal del océano,
de la inmensa laguna que ha crecido en mi memoria.

Recuerdo un corazón acelerado
y unas ganas terribles de estar muy lejos.
Recuerdo que allí nadie lo entendía,
y sobre todo recuerdo las risas.
Dime, ¿las oyes aquí dentro?

Supongo que no tiene importancia,
que no estás obligado a comprenderme.
Y aun así, es inevitable.
No sé cómo hacer para soltarme.

No sé respirar en la marea,
siempre me ahogo al intentarlo.
Voy muy rápido, o muy despacio.
Y no me doy cuenta.
Y no puedo cambiarlo.

(Lagunas, marzo 1998)

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