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…y volví a sentir aquel dolor,
pude tocarlo,
pude olerlo.
Pero algo había cambiado.
Se había alejado
Se alejó hasta reducirse al tamaño de un cuadro
de tonos fríos, oscuros.
El fuego ya no caminaba conmigo.
Aquel cuadro colgaba, inmortal,
de la pared donde los recuerdos envejecen.
Y por un segundo sentí nostalgia.
Del recuerdo, del dolor.
Del recuerdo del dolor.
Y sentí un escalofrío.
Entendí que no había aprendido casi nada.
Pero… ¿Quién aprende?
El futuro quizá aguardara, agazapado, con más dolor
con más recuerdos que terminarían por no doler.
Pero también entendí que nada de eso sucedería mañana.
Abrí la puerta,
me giré y miré al cuadro.
Y volví a caminar.
Sólo eso.
Caminar.
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