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Era todas las fantasías
que alguna vez, con insistencia,
visitaron mi duermevela
Nuestras noches, misas paganas
Besos mojados en semen
para la ceremonia secreta de la más pura intimidad
Después, la calma
Su cabeza en mi pecho
Mis manos, pasajeras en su pelo
Y dos cuerpos encajados
de memoria
en la maquinaria celestial.

*

Las mañanas, mi campo de batalla
Las fantasías y el remolino de pelo negro
no podían, no sabían,
no iban a escoltarme hasta el frente
Y se quejaba.
Era la batalla de un solo hombre
contra un solo ejército
de mil demonios sin nombre
Siempre avanzan marcando bien el paso
sobre la boca de mi estómago.

*

Era fuerte
Más fuerte que yo
Más alta que yo
Más diestra con la espada
La perfecta compañera de armas
para el cuerpo a cuerpo
Pero el enemigo era invisible
Y aquellos demonios sólo querían luchar conmigo
Me apartaban de su lado
me revolvían las entrañas, las hacían jirones
Y yo ponía, con cada sol, tierra de por medio
Llevaba lejos una contienda que, después de tantos años,
se había convertido en una rutina desagradable
La rutina que devoraba todas las rutinas de ayer
y todas las de mañana.

*

Nos quedaban las noches
Nos quedaban momentos, momentos-tesoro
cuando daba esquinazo al ejército de sombras
Pero no era suficiente
Nunca
Nada
No era suficiente
Demasiadas mañanas al otro lado de la empalizada
Despacio, silenciosamente,
como el tumor que se extiende, imparable,
empezó a sentir que yo abrazaba la batalla
con igual intensidad que su cuerpo en la madrugada.

*

Y un día de nubes eléctricas
quisimos pasear por Tribunales
oír el pulso sin descanso de Buenos Aires
Pero el jurado me detuvo
Ella siguió avanzando
Intenté excusar al juez y a sus doce cuervos sin piedad
Me declaré culpable de ausencia,
y poder avanzar
Y quise que ella se declarara ciega
para las amenazas invisibles
Y poder avanzar
Porque incluso desde el otro lado de la empalizaba
me llenaba de coraje para la batalla
me ayudaba a volver
Porque nunca quise no volver.

*

No quería no volver
ni observando el mundo desde lo más profundo
de la declaración de guerra contra la oscuridad
Quise que el reloj se olvidara de nosotros
Quise que los demás se olvidaran también
Pero ella era un poco mía y mucho más
de todos los demás
Me preguntó si yo era un poco suyo
y mucho más de la oscuridad
Mentí
Me creí la(s) mentira(s)
Porque en el mundo, a nuestro alrededor,
aún no había amanecido.

*

Cuando otra mañana más nos encontró
corrí de nuevo al frente
Iba con las manos vacías y un te quiero desencajado
Corría de espaldas, vomitando juramentos preventivos
Al alejarme miré por última vez aquellas sábanas que nos ataban
Sin solución,
las fibras de sudor y algodón cedieron a la tensión de nuestro desencuentro
y se rasgaron como lienzos milenarios.
Ahora eran polvo. Y lágrimas. Y cenizas.
Allí de pie, desorientados por la neblina del algodón,
de las lágrimas, de las cenizas
agachamos la cabeza y extendimos los brazos
Nuestros dedos no llegaban a tocarse
El sol ya dictaba sentencia en mitad del cielo
y nuestras manos no lograban encontrarse.

*

Entonces huí.
Sin más espolón que la certeza de nuevas mañanas
de ausencias malentendidas o inexplicadas
Y si hubo alguna promesa
ardió en la pira funeraria que habíamos llamado amor
Te follaré siempre, porque te querré siempre
porque siempre me lo pedirás
porque siempre querré complacerte

Dime, ¿en qué momento vuela por los aires un juramento?
El niño, con su juguete favorito entre las manos,
jura que el juguete y él serán uno.
Siempre. Siempre. Siempre.
Pasarán los años y un día, por azar,
encontrará a su juguete favorito condenado a perpetuidad
en una caja de cartón llena de juramentos que volaron por los aires.
Y no sabe cuándo rompió aquellos votos
Pero los rompió.
Y el juguete favorito ya no es más que otra diapositiva
en una exposición de nostalgia y crueldad no intencionada.
Así se pagan las promesas rotas
Con dolor
Aunque, si hay suerte, compran billete de ida
en el transbordo al lado luminoso de la memoria.
Hermano gemelo de la melancolía.

*

Ahora nos pensamos, desde la distancia
Y nos odiamos por haber sido todo y nada
Por no encontrar un lugar donde la empalizada no fuera tan alta
donde los tablones no fueran tan gruesos
Nos perdimos. Y nos perdimos de vista
Quizá nos quisimos demasiado en demasiado poco tiempo
y ahora el tiempo que tenemos, que es un poco menos que la eternidad
lo malgastamos en nombrar cada resto entre los escombros
En completar un puzzle imposible de tela deshilachada
Tan hermosos, tan ilustrados
y no hemos aprendido que cada historia debe tener su final
Nos resistimos a cerrar el libro
Y nos equivocamos
El libro tiene que cerrarse
Se ha cerrado
No hay voluntad capaz de mantener abierto un libro acabado
Y en ese insistir perdemos los momentos
tan escasos, tan valiosos
Sin levantar la cabeza para darnos cuenta
de que todo lo que nos rodea son libros abiertos
Quizá otra historia con nosotros
Quizá otra historia para nosotros
Pero ella no le ve sentido
Sigue tras la empalizada
Corre una y otra vez hacia su extensa sombra
Quiere escribir su propio libro
con sus propias reglas y su propio final
Olvida que es el libro quien nos escribió a nosotros
Se lo grito, y no me oye
Algo ha cambiado en la empalizada,
algo en su manera de ser
Ahora que observo detenidamente,
este no es el muro de madera que yo levanté.

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