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Hablemos de la felicidad
y del vértigo de saber que todas esas estrellas
seguirán brillando
mucho después de que se haya ido
la última persona que dijo algo bueno de ti.

Hablemos de lo imposible,
de otras vidas,
de las que imaginaste y de las que, por desgracia,
has llegado a vivir.
No hay nada más.
No hay nada.
Nada más.
Poco es suficiente.
15 000 días son suficientes,
y aún te quedan diez mil más.

El miedo nunca me dejó ver
ni siquiera un pedazo de esta ficción,
y el sueño nunca me dejó recordar
la más mínima posibilidad.

Por eso, hablemos de la felicidad.
Hablemos de una probabilidad
entre siete mil millones de naufragios.

Puede que seas tú
el último hombre,
la última voz.
Cuando mueras,
morirán todos los demás.
Cada vida termina en la aniquilación
de todas las vidas.
No hay nada más.
No hay nada.
Nada más.