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Cuando nos separamos,
en silencio y con lágrimas.
Nunca es demasiado tiempo,
nunca es demasiado.
Aunque sé lo que ignoran de ti.
Aunque siempre fui más frío que tus besos,
te nombré reina de las nubes.
A veces reconoces el veneno,
pero no lo escupes.

Humedezco los labios y me entrego al sueño.
Fue tu peor crimen la clemencia.
Dejaste vivir a tu presa,
y vivir era sólo otra condena.
Aunque sé lo que ignoran de ti,
fueron llegando las demás reinas.
Y a veces lo necesito,
pero odio estar aquí.

Espérame en el vértice dorado y olvidemos.
Desnudo, sin esperanzas, sin deseos.
No pienses,
un pensamiento también es la muerte.
Que me nombren rey, y sentarme a tu lado.
Y decirte que el tiempo ya no pasa,
y que el dolor nunca fue un buen regalo.

(Roto, abril, 2001)

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