Etiquetas

,

Qué más da.
Qué más da.
Esto no es un final
ni nada parecido a una victoria;
pero hace 20 años decidí
que el camino solo termina al llegar al precipicio.
Cuando nos asomemos a lo que fue nuestra vida
y a lo que ya no será.

Fuimos bellas criaturas alguna vez.
Bellas criaturas asustadas y sin un pedazo de tierra
que llamar casa.
Tú fuiste casa una vez.
Yo lo fui, quizá para ti.
Pero bien sabemos que todas las casas
son refugios temporales pero hermosos
donde encerrar la rabia
y creer que hemos encontrado la paz.

Creer, qué trampa tan sutil y sofisticada.
No hemos hecho otra cosa que creer
y, aun así, nos llaman descreídos,
nos niegan el alma y hasta la salvación
en este mundo o en el otro.

Qué más da.
Qué más da.
Nadie sale vivo de aquí
y, desde luego, nadie sale feliz.
Pero son muchos los que
«entran dócilmente en esa buena noche»,
sin patalear, sin blasfemar,
como si no les estuvieran quitando
todo lo que tienen, todo lo que importa.

Sin embargo, las bellas criaturas que una vez fuimos
no se dan por vencidas,
ni por todo el dolor del mundo.