Etiquetas

,

Yo no tengo todas las respuestas.
De hecho, no tengo casi ninguna.
Podría haberme quedado
o haberme ido
y este puño de hierro que me aplasta y me retuerce el pecho
continuaría su tarea.
Hasta el infinito.
Hasta la locura.

Estamos en paz, eso lo sé.
No recibiste más de lo que compraste
y, por mi parte, sé que todo quedó pagado,
aunque las monedas estén enterradas
bajo toneladas de tierra
y de recuerdos
que ojalá se pudrieran pronto y desaparecieran
como ha desaparecido todo lo demás.

Hemos fracasado.
Hemos muerto.
Y estos ataúdes de plata
no nos dejan oír los te «echo de menos» del otro.
Porque eso es lo que hemos sido:
el otro.
Nunca los dos, nunca uno;
a pesar de que, espoleados por los gritos de la carne
o entregados a abrazos desesperados,
creyéramos ser el centro mismo del universo.

Todos los «te quiero», todos los planes,
y las esperanzas, y las ilusiones,
nacieron como fantasmas de lo que un día ya no seríamos.

Supongo que me alejé.
Supongo que por un segundo
llegaste a odiarme tanto como yo a ti
por no hacer nada por salir de la tormenta
y llevar a aguas tranquilas aquel barco
que bautizamos con nuestro amor
y que tú creías indestructible
(o quisiste creerlo).

Ahora te veo borrar todas las huellas,
hasta que todo sea como al despertar
en el día en que nos conocimos. 
Pero en el fondo sabes que no puedes volver allí.
En el fondo sabes que, si lo borras todo,
solo quedará el abismo a tu espalda
y, delante de ti, más noches de insomnio y arrepentimiento
de las que podrías soportar.

No importa.
No me importa ser el único heredero
de todos nuestros buenos momentos.
Ahora queman como cuchillos al rojo vivo,
pero son míos y nada de aquello fue un error.
Nada de aquello merece la cremación
ni esparcir las cenizas en cualquier lugar
que nunca significó nada para nosotros. 

Creo que debo despedirme ya.
Creo que ya lo he dicho todo,
o que no hay nada que decir.
Nada que nos devuelva lo que hemos perdido. 
Solo tenemos dos caminos por delante:
el tuyo y el mío. 
Solo seremos dos desconocidos
que alguna vez intentaron construir una vida nueva
que terminó en el más terrible de los desengaños.

Pero sí, yo soy capaz de decirlo: te echo de menos.